Los cimientos (5/03/2014)

Ni disimulan que ganaron la guerra, la posguerra y la transición y que no consienten se les discuta sus méritos de vencedores. Sus descendientes aun copan altas instituciones del Estado. Lo suficientemente altas como para impedir la revisión de condenas sumarísimas, incompatibles con el estado de derecho. Su granítica actitud, que llega hasta la prohibición de acceso y consulta a la documentación de todos, no se debe a ningún temor por improbables represalias e imposibles reclamaciones: simplemente se niegan a reconocer error alguno en su proceder franquista.

Es el hecho diferencial con el resto de democracias con pasados turbios: aquí nadie participó de la represión ni se aprovechó de ella con prebendas económicas y exclusividades sociales. Según su relato, no es verdad que importantes próceres de la patria accedieron a la élite por la complicidad de sus progenitores con un régimen asesino. Tampoco lo es que desde esta posición privilegiada impiden la revisión de condenas y el conocimiento de las instrucciones.

Quienes afirmamos lo contrario somos calificados de revanchistas, incluidos reputados extranjeros que opinan que deben abrirse fosas y archivos nada más que para saber la verdad. La casta prefiere alzar el país sobre la ocultación y la mentira. Con estos cimientos aguantó muchos años y creen que puede aguantar muchos más.

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