Rebotados y botados (21/03/2014)

Las cifras lo dejan claro: 1.- ser español fue un sueño inútil para quienes aceptaron trabajos duros y burocracias obscenas con tal de conseguir la anhelada nacionalidad, y 2.- estar cualificado obliga al exilio si se quiere cobrar de acuerdo con el esfuerzo invertido. Cientos, miles de extranjeros realizaron duros sacrificios personales para conquistar el pasaporte español que ahora no les conviene para conseguir trabajo en sus lugares de origen. Son los rebotados que picaron el anzuelo del paraíso que trasmudó a infierno.

Además de los rebotados, están los botados: los nativos con una preparación superior a la que su país quiere pagarles. Aunque son menos que los rebotados, su exilio nos sale muy caro porque evidencia la calidad de un sistema productivo de baja calificación. Pero, también, porque reduce la competencia por los puestos directivos a la endogamia de los enchufados y niños-bien, a los que el trabajado desprestigio de la escuela pública por parte del Govern garantiza su preeminencia sin competencia posible. Y un país que expulsa a sus más capacitados mientras premia a los mimados declara a los cuatro vientos querer perpetuarse en la injusticia y buscar la competitividad en la explotación de sueldos bajos.

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