Oportuno (11/09/2014)

Emilio Botín ha tenido el don de la oportunidad y su muerte permite a los lampedusianos hacer apología del cambio generacional que realiza el poder español. Así pues, el banquero ha consumado su último servicio a una patria hecha a medida, como los trajes que utilizaba.

Si obviamos (aunque no sé por qué) su sibilino desarrollo de las puertas giratorias que le han garantizado la absoluta entrega del poder político, su triunfante empeño en acabar con las cajas de ahorro, la inmisericorde aplicación de una ley hipotecaria que Europa critica y que ha generado un auténtico drama social o sus oficinas en paraísos fiscales, al fenecido hay que reconocerle una excelsa habilidad para convertir un banco local en una institución sistémica con intereses en medio mundo, y todo sin apenas hablar inglés.

Bueno, también debemos a su ‘buena mano’ con el Tribunal Supremo el asentamiento de la doctrina que lleva su nombre y que consiste en que se pueden evadir impuestos mientras solo te denuncien organizaciones ciudadanas y el Estado amigo mire para otro lado.

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