Con músculo (18/12/2014)

En resumen, se confirma aquello que tanto duele a los acomplejados: el catalán tiene músculo suficiente como para mantenerse en este mundo global y uniformador, aunque no puede dejar de ejercitarse con el uso social e institucional y de alimentarse con altas dosis de autoestima y pequeñas píldoras de orgullo.

Por eso, los acomplejados insisten en empequeñecerla con localismos paralizantes y relegarla a un uso doméstico con la excusa de su tamaño frente al español. Creen que, si nos fuerzan a sentir orgullo de pertenecer a un ámbito mayor, desarrollaremos el autoodio característico de nuestra clase económica dominante. Y en una cosa tienen razón: no basta sentirse ciudadano de una patria lingüística, es necesario saberse miembro de un país decente. Por ahora, han conseguido que esto último sea imposible.

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