Diagnóstico (3/02/2015)

Desde que el TSJIB, por ajustadísima mayoría, interpretó que la ley autonómica permite a un farmacéutico decidir como presidente dónde, cómo y cuántas farmacias le harán la competencia, era absurdo mantenerla tal y como se concibió; en espíritu, ya que no en texto (según sus doctas ilustrísimas).

Si, además, durante esta legislatura se ha trasgredido, obviado e, incluso, menospreciado la ley que pretendía hacer más transparente y pulcra la gestión de los gobernantes, materializando el constitucional derecho de los ciudadanos a conocerla, podemos concluir que para Bauzá y los suyos todo _leyes de compatibilidad, transparencia y buen gobierno_ era un absurdo trámite burocrático para seguir gobernando desde el convencimiento de que, aunque son los ciudadanos quienes proponen, un dios todopoderoso dispone y les unge en el cargo.

Necesitamos apelar a esta enfermiza creencia para entender cómo se les ocurre, además de pasarse por el forro la ley, legislar ahora desde el convencimiento de que se puede coartar a quien les suceda con normas sobre el número de cargos, el proyecto lingüístico o el déficit presupuestario. Pero, si creerse ungido por la mano de dios es enfermizo, atribuirse el título de ‘molt honorable’ a perpetuidad, en los tiempos que corren, merece un diagnóstico más cruel para él y para cualquiera que con su voto lo aplauda.

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