Milord (27/05/2015)

Ni una brizna de grandeza ni un ápice de tradición democrática se puede encontrar en la dimisión en diferido de Bauzá. Ni en la elucubración más descerebrada podría asimilarse ésta con la los líderes británicos que mostraron, hace unas semanas, el significado de la palabra dignidad. Dignidad, suya y de unos partidos que, de no haberla tenido sus líderes, la hubieran exigido radicalmente. Exactamente igual, calcado comportamiento que el vivido estos días en las Baleares: el líder es vapuleado en las urnas y, primero, asegura que continuará; luego, que está dispuesto a aprender de la derrota; y, al final y empujado por sus pares en una lucha fratricida por el poder, anuncia que será él, el perdedor y responsable de la pérdida de cientos de cargos para afiliados, el que conducirá su propio relevo, sentado en la mesa de presidente del PP (presuntamente pagada en B) y cobrando de diputado y portavoz de su grupo.

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