Dar ejemplo (15/11/2015)

Estamos en guerra; diferente a las clásicas y conocidas, pero guerra al fin y al cabo. El problema es que Europa, como suma de las consciencias de los europeos, decidió creer que las guerras eran cosa del pasado y que, como mucho, son cuestiones lejanas que pueden incidir en intereses europeos, nada más. Mantenemos y alimentamos generosamente ejércitos para que defiendan estos intereses fuera de nuestras fronteras, a ser posible con sofisticada y carísima tecnología y poco riesgo.

Mientras olvidamos defender colectivamente lo que nos caracteriza, y que tanto odian quienes nos atacan, creemos que llenándonos la boca de libertad ya hemos reivindicado nuestra herencia. La libertad no es más que la posibilidad, pero también la obligación, de asumir responsabilidades. Somos libres porque somos responsables; y solo los responsables pueden ser libres. Revisemos ahora si asumimos esta responsabilidad o si, por el contrario, la hemos delegado con displicente pereza. Si, por ejemplo, los valores superiores que propugnamos no nos sirven ni para acoger refugiados que sufren a diario lo que a nosotros ocasionalmente nos trastorna, es que nuestra supuesta fuerza es decadente. Lo mismo podemos aplicar a la preeminencia del mercado o a la corrupción que nos carcome.

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