Ejercicio de memoria (5/12/2015)

Hubo un tiempo, menos lejano de lo que a muchos les conviene recordar, en que pocos jueces y menos fiscales veían indicios delictivos en lo que el común de los mortales ya llamaba, abiertamente, corrupción. Tan cercano en el calendario que muchos de sus actores aún tienen presencia, para lo bueno y para lo malo, en nuestra sociedad.

Gestores urdieron campañas electorales de costes fabulosos y facturas fabuladas, y pasaron por averiados controles sin levantar sospechas; votantes censados en saturadas celdas monacales, fueron considerados modélicos ciudadanos por los guardianes de la ley; incrementos patrimoniales de cargos públicos de precisa concordancia espacio-temporal con cambios urbanísticos, solo levantaron sospechas en los vecinos que no tenían poder para investigarlos…

Que unos farmacéuticos en la cima del poder ejecutivo retrasaran sin causa justificada el incremento de su competencia solo es, por ahora y para el fiscal jefe, una casual coincidencia que no merece calificación procesal. Por ahora y para el fiscal jefe; recuérdenlo.

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