La gran coalición provocaría la gran colisión (22/12/2015)

Como siempre, la política autonómica se mantiene a remolque de la estatal, tutelada. Que Podem supere aquí al PSOE no cambia el axioma: solo confirma que consiguieron un cabeza de cartel con perfil propio, que añadía votos, mientras los segundos nombraron a quien se los aseguraba en la ejecutiva del partido sin necesidad de castigar a la ciudadanía con la cara de Ramon Socías en los carteles. La jugada puede servir para fortificar el reinado de Francina Armengol en el PSIB, ahora que quienes demandan renovaciones añadirán datos a sus argumentaciones; nada más.

Los buenos resultados de los figurantes de Pablo Iglesias y Juan Pedro Illanes no garantizan mayores dificultades para la coalición gobernante, aunque tampoco las descartan: la presión de Alberto Jarabo sobre el ejecutivo dependerá de quién acceda a La Moncloa, y cómo. En general, sus votantes no esperan demasiado de la no-soberanía autonómica. Basta el enredo alrededor del “nivel 33” para confirmarlo: si se puede, se puede, y si no, Madrid ya podrá. El Govern, más allá de sus nombramientos indigestos, no crea problemas de conciencia a los podemitas: desde la renta social hasta los movimientos para proteger el territorio, pasando por la mediática inspección laboral y el aumento de plantillas en Educación y Salud, son aplaudidos, con mayor o menor entusiasmo, por los morados. Solo una coalición PP-PSOE en Madrid les obligaría a desenterrar el hacha de guerra.

Un hacha que también deberían blandir los de Més. Si mantienen el alma soberanista que los distingue de Podemos, no hay motivo para pensar en una fratricida lucha por espacios comunes. Sus malos resultados el 20-D solo confirman que hay dos ligas y a Toni Verger le toca jugar en la indígena. Pero en la izquierda hay tantas almas y sensibilidades que nadie podrá abarcarlas nunca.

Solo si La Moncloa vira a la izquierda, con sus aritméticas variables, luchas por el liderato y crisis en parte de sus electorados, visceralmente enfrentados desde la consanguinidad, peligra el invento de gobierno progresista balear. Porque es largo el camino del PP para recuperarse, al menos toda la legislatura. Por mucho que Mateo Isern salvara el domingo los muebles, la casa está quebrada desde los cimientos. Él, que nunca se ensució en el encofrado de los cimientos del partido, y Biel Company, que es visto más como inquilino que como constructor, deberán convencer primero a los suyos de que pueden de nuevo alzarla.

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