Carcomas (10/02/2016)

De las cantadas de los imputados en Nóos se deducen tres potentes carcomas que han hecho de nuestra sociedad un cuerpo casi irreparable. El culto al líder, y la demostrada impunidad que merecen todos sus actos, se contagia a la mayoría de cargos públicos. La impunidad es progresiva y cimienta su desfachatez en casos anteriores. ¿Límites? Solo sobrevenidos por una actuación inesperada de la Fiscalía Anticorrupción y algunos jueces.

La segunda carcoma ha sido (¿es?) la insultante mediocridad de muchos bien pagados cargos. El mismo Ballester confiesa su manifiesta inutilidad para los cargos que ostentó, digitado por Matas. Su currículum gestor es una retahíla de codicia y canina fidelidad al líder.

Y la tercera, la pringosa y beneficiosa necesidad de arrimarse a buen árbol para medrar con facilidad o, incluso, como la única manera de medrar, que aún es peor. Sin la impunidad, la inutilidad de los dirigentes y la amistad como llave conseguidora, hoy no hablaríamos de Nóos ni de los otros saqueos.

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