Soberanía (18/02/2016)

Ser gobernados por corruptos es una ofensa. Por imbéciles, una humillación. No tengo otro calificativo para quienes, según la fiscalía, ceden hasta las comisiones ilegales para quedar bien con Madrid. No reivindico la soberanía de la corrupción, no exijo que el producto de las ilegalidades se quede donde las generamos, si no que me humilla que la obra pública más señera de la etapa Matas, Son Espases, le haya servido para demostrar su desprecio por la provincia que lo hizo presidente. Lo peor: quienes ahora lo niegan, le aplaudían con las orejas.

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