Abans de ploure (20/02/2016)

Carece de valor estadístico, pero debe ser de las pocas veces que los gobiernos actúan sobre los problemas cuando aún no se han convertido en tragedia. Tener casi 100 kilómetros, entre fluviales y costeras, de áreas de riesgo potencial significativo de inundación debería haber servido para elaborar planes preventivos.

Los peligros no son de izquierdas ni de derechas y, cuando son geográficos, suelen permanecer más de una legislatura, o mil. Por eso, extraña que deba ser a requerimiento de Europa que hasta el 2014 no elaboró el catálogo de riesgos y aún queden por hacer planes que definan las actuaciones necesarias para contrarrestarlos.

Nuestros enjutos torrentes, parcos en aguas y sobrados de escombros, suman más de 30 kilómetros de riesgos. Después de leer el recuento de peligrosidades, uno no puede seguir viendo estos desordenados pedregales con la misma mirada. Ni a ellos ni a los responsables políticos que deberían haber concluido hace tiempo el plan de gestión que, en la sabiduría popular, no es más que “abrigar-se abans de ploure”.

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