La decencia como valor (23/02/2016)

Nunca está de más apreciar el matiz que destacados juristas puedan aportar sobre el tema tan genérico, a la vez que recurrente, de la corrupción. Después de sus aportaciones, poco más podemos decir la ciudadanía. Si acaso, que queremos dejar de ser los cómplices necesarios a esta indecencia, incluso traición, como fue definida por los comparecientes.

No faltan leyes, puede que incluso sobre alguna, si no que faltan, además de medios, poner en valor la decencia; y eso no lo hacen las leyes. Si fuera un valor, cotizable en urna, pocos secretarios generales de partido se atreverían a proteger a los corruptos pasándolos por la legitimación de las elecciones.

Pero es que, además, es vergonzante que tengamos una ratio de casi la mitad de jueces por habitante. Si en Europa la media es de 21 por 100.000; en España alcanzamos la miserable cifra de 11. Podemos seguir debatiendo sobre la corrupción pero ni las cifras ni las actitudes de los gobernantes indican que se avance más allá de los esfuerzos personales de muchos servidores públicos.

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