País extraño (10/03/2016)

En Mallorca decimos que “val més matar un home que donar-li un mal vici”, y las decimonónicas normas que rigen la función pública confirman la sabiduría popular. Que no sea suficiente argumento para la desaparición del llamado nivel 33 el que fuera un privilegio autoconcedido por unos gobernantes funcionarios que así garantizaban su retiro sin más mérito que la cara dura y dos años de ejercicio de cargo (muchos designados por pura y canina fidelidad al líder), confirma la grave enfermedad del sistema.

Derechos adquiridos, se llaman sin querer averiguar cómo se adquirieron, y son inamovibles. Cuando, en nombre del pragmatismo y con la excusa de la crisis, se han recortado derechos a todos los trabajadores, públicos y privados, y muchos han acabado en las colas del paro cuando se creían asistidos por un estado que debía garantizarlos, no se entiende esta dificultad para legislar según la voluntad popular.

País extraño, que ofrece más garantías legales a los privilegios que a los derechos y, además, poco o nada se preocupan sus altos gobernantes de disimularlo.

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